
Durante mis años de ejercicio profesional como docente son muchas las satisfacciones vividas que me hacen sentir cada vez mas comprometido con el sagrado deber de enseñar. Siento realizada mi vacación cuando veo de lo que son capaces de hacer mis estudiantes en la construcción de su conocimiento, como consecuencia de mi humilde dedicación y empeño al enseñar.
Siempre ha sido un orgullo para mí hablar de mi experiencia docente hasta que se plantea el tema de la evaluación. Pensaba en esta como una actividad extraordinaria para un momento y una finalidad determinada: al final la unidad para ver si los objetivos se cumplieron y al final del curso para ver si el estudiante aprueba o reprueba. Sin embargo, inconscientemente la practicaba como una técnica y una actividad común durante el proceso, pero no amparado en el concepto que implica propiamente una evaluación formadora.
Dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje se conjugan varios elementos que no pueden estar distanciados el uno del otro, por la correlación que guardan entre sí. Uno de esos elementos es la evaluación vista como una vía de recopilar información para conocer más el nivel de aprendizaje de los estudiantes
Como docente, he presentado ciertas dificultades en situaciones que, lejos de obviarlas debo enfrentarlas por ser parte de mi quehacer y porque me impedirían realizar mi labor con eficiencia y eficacia. Tal es el caso de la evaluación basada en el producto, paradigma que he tratado de romper para centrarme en una evaluación basada en el proceso, con la finalidad de introducir cambios que promuevan el aprendizaje en mis estudiantes.
Desde el punto de vista del constructivismo como del conductismo, este importante elemento del proceso formativo trae consigo una serie de inconvenientes, tanto al profesor que la diseña y la aplica, como al estudiante que es el destinatario final.
En primer lugar, no deja de ser un motivo de preocupación para el profesor diseñar con justicia una evaluación que se adapte a los requerimientos y a las necesidades del sujeto a evaluar. En mi caso particular, se me dificulta mucho la evaluación al momento de diseñarla, pensando cuán relacionada pueda estar de lo planteado en la programación y de lo que los estudiantes pudieran necesitar para un aprendizaje significativo.
Un proceso continuo y constante es lo que le da valor a la evaluación de los aprendizajes y verla como un momento, parecería insignificante, pues dejaría de un lado el propósito que se persigue con ella, ya que ha de ser de forma continua y no temporal. Necesariamente debo sincronizar mi práctica para evaluar como un proceso que genere un cambio de actitud en mis estudiantes, cambio este que les lleve a tomar conciencia de tu su propio aprendizaje.
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