
Un proceso continuo y constante es lo que le da valor a la evaluación de los aprendizajes. Ver esta como un momento parecería insignificante, pues dejaría de un lado los resultados que se persiguen con ella. Ha de ser de forma continua y no circunstancial. “ Las situaciones de aprendizaje se planifican intencionalmente y se realizan de acuerdo don un diseño…”
De la interacción de los actores del proceso: profesores y estudiantes que tienen roles específicos que desempeñar, depende la planificación que se desarrollará con sus propias estrategias y actividades. “La evaluación es un proceso en el que debe consensuarse diferentes intereses, valores y puntos de vista” .
La evaluación hay que enmarcarla dentro del concepto de “evaluación formativa” que se caracteriza por orientar al proceso educativo e indicar a los agentes que participan en él dónde se encuentran, respecto a los objetivos generales establecidos.
Son diversos los factores a considerar para que la evaluación cumpla con su función pedagógica, la que no puede estar distante de la planeación. Primero ha de tomarse en cuenta que esta debe ser incluida dentro de la planeación misma y ha de ser programada como cualquier otra actividad del proceso. Ha de tomarse en cuenta en tres momentos importantes: al inicio, durante y al final. Al inicio, permite adaptar el diseño del proceso al alumno partiendo de la experiencia previa que tenga el estudiante; durante el proceso para conocer al alumno con sus facilidades y dificultades, y al final para…” tomar decisiones sobre nuevas acciones a emprender y transformar para mejorar…”
Otros de los aspectos importantes a tomar en cuenta para que la evaluación cumpla su función pedagógica son las preguntas que le sirven de base , especialmente el paraqué que constituye la finalidad de la evaluación.
“…la evaluación de los aprendizajes amerita conocer tanto el proceso como el producto del aprendizaje y , al estar fundamentada en estrategias integradas que parten del proceso curricular del centro, el currículo y los aprendizajes que se desean alcanzar, vemos que se pasa de la planificación a la realidad del aula. Decimos entonces que ha llegado el momento de interactuar con el alumnado a través de unas estrategias metodológicas que les permitirán aprender significativamente unos contenidos que serán evaluados. Es allí donde cobra valor la planificación de la evaluación y las estrategias de evaluación para determinar: qué, cómo, cuándo, dónde, quién, por qué y para qué se ha de evaluar… dice Gabina Zambrano - ( La Evaluación Formativa en la Enseñanza del Aprendizaje Pag. 70) .
La evaluación, por lo tanto, forma parte importante de todo el engranaje del proceso cuando facilita “ … tomar una muestra de los contenidos y procesos en un momento sistemáticamente planificado de la enseñanza-aprendizaje. Todo ello, para inferir el conocimiento, la comprensión, las destrezas, las habilidades, las actitudes y los valores … ” que el alumno ha alcanzado.
La evaluación formativa tiene como principal misión informarse continua y adecuadamente de todo lo que ocurre a lo largo del proceso, para, en su caso, tomar las decisiones pertinentes que pueden suponer: replantear las condiciones, reformular los objetivos, reconsiderar el contexto educativo en todas sus variables, revisar las estrategias educativas y revisar el sistema de la evaluación misma.
“La toma de decisiones basada en las informaciones suministradas por la evaluación, afecta a todo el proceso de planificación y, en consecuencia, a su posterior desarrollo en la realidad del contexto educativo”.
Sólo cuando aseguramos el aprendizaje podremos asegurar la evaluación, la buena evaluación que forma, convertida ella misma en medio de aprendizaje y en expresión de saberes. Dice Alvarez Méndez ( citado por Gabina Zambrano pág.84).
Esta es la evaluación que se desea, orientada a determinar cómo avanza, crece y se desarrolla el estudiante en su formación individual, teniendo como punto de partida sus necesidades y la consecución de su propio aprendizaje.